Mostrando entradas con la etiqueta robotización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta robotización. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de octubre de 2019


Robot-lución: el gran reto de gobernar y convivir con las máquinas


La rápida e imparable transición tecnológica exige un nuevo contrato social. Estados, sindicatos, trabajadores y empresas deben formar parte de la solución


Robot-lución: el gran reto de gobernar y convivir con las máquinas
La cuarta revolución industrial —con su combinación de digitalización, conectividad, automatización y robotización, e inteligencia artificial, entre otros elementos— ya está aquí. La transición hacia un nuevo modelo socioeconómico y tecnológico ha comenzado, subvirtiendo el orden establecido, tanto con nuevas oportunidades como retos. El contrato social dominante en Europa, y en general en Occidente, necesita una transformación no ya para un futuro lejano cuyos contornos desconocemos, sino para sacar provecho y reducir el coste de esta transición.

Esta revolución, además de deseable en muchos aspectos y preocupante en otros, es inevitable, imparable. Y rápida. La electricidad tardó a mediados del siglo XIX algo más de 45 años en entrar en un 25% de los hogares en Estados Unidos. Internet, menos de cinco. Por no hablar de los smartphones —que tienen sólo 12 años de existencia— o un juego como Pokémon, que llegó a millones de personas en cuestión de días. La primera revolución industrial en Inglaterra, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, tardó 70 años en permear y generar riqueza para el conjunto de la sociedad inglesa. ¿Cuánto tiempo se tardará esta vez? Incluso si son 20 años, son muchos.

La robot-lución está ya teniendo un impacto sobre el empleo —el número y el tipo de trabajos— y los salarios, y está vaciando las clases medias, algo que venimos detectando desde la Gran Recesión (que en parte tapó la entrada de esta nueva fase de la revolución tecnológica), como reconoce ya la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su reciente informe Bajo presión: la clase media exprimida. Con lo que esto supone para el auge de populismos y la desestabilización de las democracias.

Los estudios prospectivos difieren sobre el grado de automatización de los empleos, o mejor dicho de las tareas, desde un 10% hasta un 70% en los próximos 10-20 años. La media de muchos de estos estudios se sitúa en torno a un 38%. En España, entre un 21,7% (OCDE), un 36% (BBVA Research y Universidad de Valencia) y un 55,3% (Bruegel).

Estos serían los empleos o tareas que se destruyen. ¿Se crearán nuevos? Sí y posiblemente más. El Foro Económico Mundial (WEF) prevé una destrucción de 75 millones de empleos para 2022 (entre ellos contables, secretarios, trabajadores en fábricas) y la creación de 133 millones nuevos (científicos y analistas de datos, especialistas en inteligencia artificial, gestores, etcétera). Muchas de estas nuevas tareas no existían hace poco, y en estos momentos hay un déficit de un millón de trabajadores con estas pericias en la UE. De hecho, el WEF calcula que el 65% de los niños que entran en el colegio en estos años trabajará en tareas que hoy ni siquiera existen. ¿Destrucción creativa? No exactamente, pues un problema —y de ahí la necesidad de este nuevo contrato social— es que mucha de la gente que pierde su empleo por razones tecnológicas no estará capacitada para entrar en los nuevos, por lo que tendrá que ir al paro, o conformarse con trabajos de peor calidad y menor remuneración.

Es la transición que hay que gestionar, con un desacoplamiento en términos de perspectivas vitales, incluidos los cambios en los sistemas de trabajo que supone la creciente economía gig de autónomos, multitareas (antes se llamaba pluriempleo) y plataformas, que requieren nuevos tipos de protecciones y seguridades a través de redes que los sindicatos tradicionales no aportan. Hay que avanzar hacia una garantía laboral universal, que finalmente la Organización Mundial del Trabajo (OIT) no ha conseguido integrar en la declaración de su centenario.

Hay un peligro de llegar a una sociedad 30-30-40, en la que un 30% trabajará mucho y ganará bastante, un 30% trabajará mucho y ganará poco (en tareas esencialmente manuales) y el 40% resultará superfluo, la “clase inútil”, la llama el historiador israelí Yuval Noah Harari. A esto hay que sumar el problema de la brecha de género en cuestión de estudios tecnológicos y similares, y que en España va a peor. Superarla requiere un cambio cultural.

El economista John Maynard Keynes, en una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes en Madrid en 1930, ya habló de “desempleo tecnológico” y pronosticó que un siglo después el reparto del trabajo se basaría en una jornada laboral semanal de 15 horas, aunque advirtió contra los efectos del ocio y la abundancia en “la gente normal y corriente”, habituada durante mucho tiempo a “esforzarse y a no disfrutar”. ¿Es el reparto del trabajo la solución? De hecho, ya estamos en ello. Las horas trabajadas han venido decreciendo un 10% desde 1975 en toda la OCDE, incluso en el actual periodo de recuperación de las economías tras la crisis.

A ellos se suma, para los trabajadores de economías avanzadas, lo que Richard Baldwin llama la “competencia de la globótica”: cuando la tecnología permite que personas de todo el mundo tengan una presencia virtual en cualquier oficina. De nuevo, esto supone competencia entre clases medias de diversas zonas.

Documentos en un hospital de Bangkok.

Objetivos y medidas del nuevo pacto

El presidente francés, Emmanuel Macron, y otros con él defienden la necesidad de “proteger a las personas, más que proteger los empleos”. Se trata de lograr una economía digital competitiva, pero también de suavizar la transición, de ir hacia una sociedad inclusiva en la que el conjunto se beneficie de esta revolución, y no sólo porque los aparatos y los servicios se abaraten. Que nadie se quede atrás. Una sociedad armónica y superinteligente, la “sociedad 5.0” según el concepto japonés que se abre paso en el G20.

La educación es básica para este nuevo contrato. Y será una tarea pública, pero también de las empresas. La educación antes y durante la vida laboral. El WEF calcula que para 2022 —mañana— todo el mundo tendrá que dedicar 101 días suplementarios al año para aprender. Si a ello se suma que el 80% del conocimiento que se aprende a partir de los 30 años se adquiere en el trabajo (según el Banco Interamericano de Desarrollo), el reciclaje, el aprendizaje permanente será responsabilidad de muchos actores.

Los países más robotizados en los últimos años son los que más empleo han creado, entre ellos los nórdicos, donde más avanzada está también la educación inicial y la permanente. Y allí también los sindicatos tienen más presencia en los consejos de administración de las empresas.

Ahora bien, si no hay trabajo suficiente la educación no puede ser la única solución en esta transición. El empleo ha sido el mecanismo básico de redistribución de la riqueza en la época industrial. Esto puede cambiar. Quizás haya que separar la seguridad financiera (salarios) de la seguridad social (protecciones). Habrá que pensar en el ya mencionado reparto del trabajo, que está ocurriendo vía mercado, o en rentas básicas (no necesariamente universales) o impuestos negativos sobre la renta.

Otra línea a seguir podría ser la marcada (modestamente) por la UE con su Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (FEAG), que ahora se abre al impacto de la automatización, con 150 millones de euros anuales entre 2014 y 2020, con lo que supone de apoyo a trabajadores (se han beneficiado unos 150.000 entre 2007 y 2018) para ayudarlos a formarse y a encontrar nuevos empleos, aunque su impacto está en discusión.

¿Debe el nuevo contrato social proteger también a las máquinas avanzadas? Estamos aún lejos de ello. Pero el Parlamento Europeo, anticipándose, ha aprobado estudiar una posible personalidad jurídica para los robots avanzados, con un seguro obligatorio. También la Comisión Europea está impulsando unos criterios éticos para la inteligencia artificial que habrían de seguir los diseñadores de estas máquinas (beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia, que van más allá de las cuatro leyes de la robótica de Isaac Asimov). Con los problemas añadidos de que la ética no se enseña en las escuelas de Ingeniería, de que es difícil incorporarla en la programación, y de que, crecientemente, las máquinas se programan a sí mismas a través de varias tecnologías, incluido el machine learning.

¿Cómo se paga?


La cuarta revolución industrial va a generar un marcado crecimiento económico. Pero su redistribución no está clara. Los Estados (y la UE) van a necesitar nuevas fuentes de ingresos. La parte de renta del trabajo en el PIB se mantuvo constante a lo largo de la era industrial, pero empezó a caer a partir de los años ochenta. Los rendimientos del capital crecen más que los del trabajo, tendencia que se puede disparar con los robots, que pertenecen al capital. Si a ello se suma la creciente desigualdad redistributiva del impuesto sobre la renta y la decreciente recaudación, en porcentaje, de impuestos sobre el capital y sus rendimientos (debido a la competencia global entre otros factores), la financiación del nuevo contrato social tiene graves problemas. Habrá que pensar en nuevas fuentes de ingresos.

Dada la competencia fiscal, una posible sería un impuesto sobre cifras de negocios más que sobre beneficios, o sobre “presencia digital significativa”, y lo que obtienen las plataformas digitales vía publicidad ¿y venta de datos? Esto es lo que se conoce como tasa Google que la UE aún no ha conseguido implantar, a la espera de que lo decida la OCDE y el G20. Es decir, se necesitarán acuerdos globales cuando menos europeos, aunque Francia ya ha dado unilateralmente el primer paso, y España lo contemplaba en los presupuestos frustrados para 2019.

También se ha manejado la idea de gravar a los robots, una medida que ayudaría a financiar la seguridad social de los trabajadores que reemplazan. Pero esto no dejaría de ser un nuevo impuesto sobre el capital. Además, es difícil definir qué es un robot: ¿una máquina?, ¿un programa? ¿Es un smartphone un robot?

Habrá que estudiar, como ya se está haciendo, la posibilidad de crear fondos soberanos, o fondos ciudadanos (subnacionales, estatales o, mejor aún, europeos) que inviertan de forma autónoma en empresas (de todo el mundo) para lograr beneficios que se pudieran utilizar para nutrir los presupuestos públicos.

En todo caso, la transición y la gestión del contrato social para este periodo incierto será compleja y será cuestión de todos: ciudadanos y consumidores, empleados, gigs y sindicatos, Estados y Unión Europea, y empresas.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/08/23/ideas/1566551575_254488.html


jueves, 4 de enero de 2018

Construcción 4.0: ¿Está el sector en peligro de ser 'uberizado'?

La disrupción tecnológica va a llegar, y está ya llegando hasta los sectores más recónditos de nuestras socio-economías. El alto impacto que caracteriza a todas las nuevas tecnologías que están viendo la luz en nuestros días, hace que tanto su amplio espectro de aplicabilidad, como lo enormemente disruptivo de sus nuevos avances, nos permitan afirmar a que dentro de unos años no habrá sector ni industria que podamos reconocer al comparar con la forma en que la concebimos a día de hoy, incluso los casos más insospechados.

Algunos analistas pensaban que sectores tan tradicionales como el de la construcción aparentemente estaban algo más a salvo de la transformación IT. Los argumentos que esgrimían eran principalmente  que este sector está muy ligado a la construcción de elementos físicos, en los que la innovación podría pensarse que tiene un alcance más limitado. Pero en realidad las constructoras también van a ver una profunda revolución en su concepción como empresas y como sector económico. Es por ello por lo que podemos hablar, ya abiertamente, de la Construcción 4.0, y analizamos hoy todo lo que en este importante sector económico está por venir de la mano de las teconologías más disruptoras. 

Las constructoras no temen por su futuro pero saben que tendrán que reinventarse.

En todo sector económico ya establecido y consolidado, especialmente en los más tradicionales, un error típico de gestión en el que sus directivos incurren es en sentirse demasiado seguros en su distribución actual del mercado, pensar que su trozo del pastel no se lo puede arrebatar nadie después de tantos años de reparto más o menos estable, no acabar de creer en nuevos modelos de negocio de empresas jóvenes y startups que no ven que pueden acabar siendo los líderes del futuro, son actitudes bastante frecuentes que tienen que ver más con la naturaleza humana de los directivos que con peculiaridades de cada sector económico.

Recientemente, el diario online El Español publicó un artículo con título “Las constructoras no temen ser ‘uberizadas’, pero Tesla las pone en alerta”, que resulta más que ilustrativo sobre las actitudes tan poco visionarias que les acabo de comentar. Como pueden leer en el enlace anterior, estas compañías no contemplan actualmente un escenario de disrupción tan severa como la vista en otros sectores, y al menos su escenario es que ésta disrupción no va a llegar a la construcción de forma tan acelerada. Si tras estas afirmaciones se esconde la actitud clásica de esperar y ver tranquilamente cómo va evolucionando la tecnología en el sector, es de temerse que la industria esté cayendo en el mismo error que han caído otros gigantes de otros sectores, y que hoy ya ven amenazada no sólo su anterior hegemonía, sino incluso su misma supervivencia como empresas.
Efectivamente parece que la tecnología avanza a otro ritmo en el sector de la construcción, pero lo disruptivo de lo que parece que está por venir no es ni mucho menos para estar tranquilamente observando el mercado desde la atalaya. La evolución exponencial de la tecnología de nuestros días, así como la rapidez en su adopción que ha quedado a la vista en otros sectores, no evitan un escenario en el que en cualquier momento puede llegar un avance tremendamente disruptivo que acabe por revolucionar el sector, y que podría sacar del tablero a algunos de los actuales líderes.
Siendo como es el sector de la construcción uno de los sectores tradicionalmente más importantes de la economía española (permítanme abrir un paréntesis durante la reciente crisis inmobiliaria), no nos podemos conformar con estas actitudes de esperar y ver. Supone un riesgo más que posible de que se materialicen los riesgos potenciales, y de que los líderes del sector pierdan su tradicional hegemonía a manos de nuevos jugadores que, además, posiblemente vengan del extranjero a juzgar por la actitud predominante a nivel nacional.
Especialmente en un sector clave para la economía española, y donde poseemos algunas multinacionales y contratistas con gran relevancia a nivel internacional, España está en la obligación y tiene las capacidades para no conformarse con adaptarse a lo que otros inventen, y ser en cambio precisamente una nación pionera, no sólo en la adopción, sino en la invención de nuevas técnicas y tecnologías. Renunciar a ello es demostrar poca capacidad de visión y liderazgo, además de arriesgarse a perder un tren del cual deberíamos al menos intentar ser uno de los maquinistas.

La robótica llegará inevitablemente a la construcción.

Construccion 4 0 Esta El Sector En Peligro De Ser Uberizado 3

El avance más disruptor que puede afectar al sector en el largo plazo, y que no se puede eludir el ir ya investigando e intentando patentar nuevas tecnologías de futuro, es evidentemente la robotización. Es muy cierto que en la construcción hay (y va a seguir habiendo) una importante parte de trabajo físico, con operadores que manejan maquinaria pesada que requiere de una intervención humana, con decisiones en dicho manejo difícilmente sustituibles por un proceso robotizado… todo eso es cierto, pero eso no quita que no haya muchas tareas y trabajos que, por muy físicos que puedan ser, sean susceptibles de ser realizados por robots móviles autónomos.
Este tipo de robots, son robots que son capaces de moverse por sí mismos en escenarios desconocidos o cambiantes, como es una obra, y especialmente gracias no sólo a sus sensores y sistemas de navegación, sino también gracias a los avances en cartografía digital y a cómo esos robots pueden moverse e ir incluso registrando el progreso de la obra con los planos del arquitecto cargados en su sistema. Además este tipo de robots atacará de raíz a uno de los grandes problemas del sector, que es la siniestrabilidad laboral en un entorno de trabajo peligroso por naturaleza.
Por ponerles un ejemplo ilustrativo, resulta obvio que siempre va a hacer falta un operario cualificado por ejemplo para una grúa de construcción, pero el cambio de foco estará en que este operario dejará de manejar manualmente una grúa, para pasar a supervisar el manejo que hará de la grúa un sistema computerizado, con el añadido de que podrá supervisar las varias grúas de la obra a un tiempo, e incluso dedicarse a otras labores complementarias. No será en breve necesario que este operador esté manejando con los controles cada movimiento de la grúa, sino que bastará con indicar esquemáticamente en el interfaz de usuario del sistema de la misma las tareas a realizar y su secuencia, y será el sistema de visión artificial de la grúa el que ya sea capaz de localizar cada carga, cogerla, transportarla, y dejarla en su ubicación de destino.
Y el que dice de la operación de la grúa, puede decir también que la flota de vehículos de construcción será autónoma, con volquetes, hormigoneras, etc. pilotadas por ordenadores. O que la excavación de un foso pueda ser también hecha con una flotilla de vehículos robotizados provistos de bulldozers y similares. De hecho, respecto a excavadoras autónomas, pueden leer este puntero artículo del MIT Technology Review, porque ya existen. En estos escenarios sin duda tendrá mucho que decir la incipiente tecnología denominada BIM (Building Information Modeling).
La metodología BIM no se basa en un simple modelado 2D o 3D como el tradicional CAD, sino que se fundamenta en la modelización e interacción con objetos inteligentes que pasan a formar parte del proceso constructivo, y que permiten interpretar la realidad circundante, además de soportar la interacción lógica entre los diferentes objetos, herramientas y maquinarias. Resulta obvio decir que la estandarización deberá ser una de las premisas fundamentales de esta tecnología, puesto que tengan en cuenta que innumerables objetos de multitud de fabricantes deberán interactuar entre sí y también con la unidad central de proceso. Como ven: supervisión humana sí (siempre será necesaria hasta cierto punto), lo que ya no va a ser ni necesaria ni viable es la ejecución 100% robot-free como es prácticamente en la actualidad.

Las nuevas tecnologías permitirán la creación de nueva maquinaria pesada disruptiva. 

Construccion 4 0 Esta El Sector En Peligro De Ser Uberizado 4


La innovación en la Construcción 4.0 no sólo viene de la mano de la (obvia) robotización. Los grandes avances en cálculos estructurales y en diseño computerizado, así como los avances en otras tecnologías auxiliares, están permitiendo inventar nueva maquinaria pesada que, aunque deberá ser operada por un trabajador humano, va a simplificar la ejecución de las obras, y por tanto, la necesidad de la mano de obra y los plazos serán más holgados.

Tecnologías desarrolladas para otros sectores, como es el del transporte en el caso de Elon Musk y su Hyperloop, es muy probable que acaben desarrollando por ejemplo una nueva generación de tuneladoras necesarias inicialmente para este proyecto, pero que acabarán revolucionando en parte también el sector de la construcción. De hecho, la Boring Company de magnate sudafricano tiene como objetivo ser capaces de construir redes extensas de túneles con nuevas tecnologías low-cost y de excavación ultra-rápida. Y por cierto, en el desarrollo (e incluso invención) de estas nuevas tecnologías, puede haber españoles que tengan mucho que decir, como es el caso de los finalistas del concurso de Hyperloop para las primeras líneas del nuevo transporte por tubos de vacío, y que propusieron la línea intercontinental Madrid-Tánger.

Y además existen tecnologías más disruptivas que llegan a la construcción 4.0

Construccion 4 0 Esta El Sector En Peligro De Ser Uberizado 5

Ya hemos visto que el hecho de que la construcción tenga como producto a entregar un producto físico no quita que su proceso productivo no sea susceptible de ser automatizado, al menos en una proporción mucho mayor a la actual. También hemos visto cómo la innovación no tiene límites, y las nuevas tecnologías en ciernes no sólo son puramente tecnológicas, sino que también pueden venir de la mano de sectores más tradicionales como la construcción de túneles. Y, por si esto fuera poco, ¿Ahora qué más puede estar por venir al sector?
Pues lo que nos queda por ver es la automatización al 100% de la construcción, o al menos de bastantes elementos que se necesitan en las obras de ingeniería y de edificación que produce el sector, y no precisamente por emplear robots como peones de albañil. ¿Cómo es esto posible si hasta con la robotización que hemos analizado antes debe haber elementos humanos? Pues con la impresión 3D. Sí, como leen, la impresión 3D tiene mucho que decir en la nueva Construcción 4.0, y aunque a día de hoy (todavía) tiene sus importantes limitaciones, ello no quita que por ejemplo haya viviendas que ya hayan sido construidas íntegramente con esta disruptora tecnología.
De hecho ya hay una empresa china que ya vende tecnología y una impresora 3D que es capaz de construir 10 viviendas en un solo día por un coste de 4.000 Euros cada una. Y si ven el vídeo, las casas en cuestión no tienen nada (pero nada) de mala pinta. Y esto es sólo el principio de una tecnología 3D que prácticamente acaba de arrancar.
Si una vivienda completa ha podido ser construida de forma segura y viable con tecnología de impresión 3D, como comprenderán, el ámbito de aplicación de esta tecnología es muy amplio en todo tipo de obras, aunque todo en ellas no sean 100% “imprimibles”. Desde luego es difícil concebir que sea impreso en 3D un viaducto completo de 300 metros de alto, pero sí que resulta muy posible que una gran parte de sus piezas y materiales sean susceptibles de ser impresos en 3D de forma mucho más eficiente, barata y… lo que resulta más interesante, pudiendo ser impresas in-situ y sin necesidad de costosos, difíciles, lentos y peligrosos transportes por carretera de piezas que muchas veces son de gran tonelaje y tamaño. Por supuesto que, aparte de las tecnologías abordadas en detalle en este análisis, hay otras tantas tecnologías que hemos pasado por alto y, que aunque no sean estrictamente protagonistas de la Construcción 4.0, sí que tendrán mucho que decir en la revolución que viene al sector. Estas tecnologías serán por ejemplo la Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés) para esa interacción entre objetos modelizados de una obra, el Big Data por la cantidad ingente de datos que se manejarán en dichas modelizaciones, o tecnologías logísticas y de posicionamiento, por la importancia en el sector de las cadenas de suministro de materiales y piezas, sin las cuales la obra literalmente se para, ocasionando retrasos en la entrega y pérdidas monetarias en penalizaciones.

Como ven ni un sector tan tradicional y tan puramente físico como es el de la Construcción está a salvo de la disrupción tecnológica. Por ello, aparte de la temática concreta de la Construcción 4.0, una de las mejores conclusiones del análisis de hoy es, estén en el sector que estén, que innoven, que innoven sin ponerse ustedes mismos el límite. El gran problema del futuro es para los que ni siquiera son capaces de imaginarlo; si éste no es su caso, ya tiene un importante punto ganado. Así que, sin dudarlo ni un segundo, apuesten por el talento y por el valor de las ideas, y sobre todo que inventen el futuro, porque dejar que lo inventen otros por usted es la forma más rápida de poner ya un pie fuera del tablero desde la mismísima casilla de salida.