Un usuario de Oculus Rift llamado Oliver Kreylos ha estado experimentando con este dispositivo y ha creado una instalación en la que combina este dispositivo con tres Kinect, los periféricos de reconocimiento gestual que Microsoft ofrece tanto para sus Xbox 360 y Xbox One como para Windows.
El resultado de este sistema permite que el usuario se vea a sí mismo representando en 3D en tiempo real
con una fidelidad más que decente, logrando además que esa
representación virtual en tres dimensiones se sitúe en un escenario
también virtual creado por ese mismo usuario.
No solo eso: la sensación inmersiva era notable a pesar de la baja
resolución de Kinect en esa primera versión para las Xbox 360, y no la
segunda iteración distribuida con las Xbox One. Su cerebro interpretaba
que su representación virtual era real, y la sensación de tratar de alcanzar objetos para tocarlos era totalmente instintiva.
En el sistema utilizó un ordenador basado en Linux que recibía la
información de profundidad y de la imagen captada por las tres Kinect, y
esta información a su vez se conjugaba con la de un servidor externo
destinado a registrar la posición y orientación de la cabeza vía Oculus Rift para completar ese escenario inmersivo.
Gracias a
los actuales dispositivos móviles, los trabajadores ya no necesitarán pasar
largas horas sentados en sus oficinas para desempeñar sus labores, ya que a
través de los portátiles, los teléfonos móviles inteligentes y las tabletas,
podrán realizar dichas labores allí donde se encuentren en cada momento. Pero
todavía queda el escollo de imprimir los documentos que necesiten ser impresos,
algo que podía cambiar si el proyecto de mini impresora robótica móvil sale adelante en Kickstarter, por el que los creadores han
fijado como meta recaudar la cantidad de 400.000 dólares, lo que supondrá la
revolución de la oficina móvil (principalmente en despacho de arquitectura que
tienen que imprimir planos enormes usando impresoras carísimas de tamaño
enorme).
La mini
impresora robótica móvil es un dispositivo que se podría llevar incluso en el
bolsillo y que imprimiría los documentos en papeles de cualquier tamaño medio
estándar simplemente deslizándose sobre los mismos. La idea parte de que las
máquinas de impresión actuales son esencialmente cabezales de impresión que se
mueven de izquierda a derecha en un papel en movimiento, de manera que en la
era móvil en la que vivimos, tendría sentido quedarse sólo con los cabezales de
impresión e incluirles juegos de ruedas pequeñas que permitan moverse sobre una
hoja de papel. De este modo, la impresora sería lo más pequeña como sea
posible.
Aún quedan
algunos aspectos a tener en cuenta, como la fiabilidad y la precisión para ser
un dispositivo del que disponer en el ámbito de la oficina móvil. Los usuarios
que deseen apoyar el proyecto, podrán aportar una donación de unos 180 dólares,
pero tendrán que tener la suficiente paciencia, ya que no se espera la entrega
de las unidades hasta principios de 2015 como muy pronto.
Esta pequeña
impresora contará con un conector USB para la carga de la batería, la cual
tendría una duración de más de una hora para una carga completa, y su cartucho
de tinta tendría una duración de unas 1.000 páginas. La calidad del prototipo
sería de 96×192 dpi aunque el dispositivo final contará con una resolución más
alta.
La primera
versión imprimirá en escala de grises, y se conectará con los dispositivos de
forma inalámbrica, soportando los sistemas Android, iOS, Linux, OSX y Windows.
Está construido con materiales baratos y piezas
de impresora
Una cámara de vídeo estándar sirve como sistema
de visión artificial
La pala robótica tiene su estrategia y técnicas
de defensa y ataque durante la partida
Las
impresoras 3D, gracias a las distintas alternativas de bajo precio, pueden
llegar a los hogares de prácticamente cualquier persona. Su uso está enfocado a
crear pequeñas piezas útiles, pero existe gente como este chico que ha
convertido su impresora 3D en una completa mesa para jugar al Air Hockey. De
modo que cuando a José Julio se le ocurrió combinar su afición por la
robótica con la que tiene su hija por el hockey de aire, el resultado,
tras algunas semanas de trabajo, fue sencillamente perfecto.
Porque no es una tarea trivial: hay que construir una mesa, incorporar
mecanismos y motores para mover a toda velocidad la pala mecánica, hacer que
funcionen sistemas de visión artificial... y, finalmente, dotar al 'jugador
artificial' de la mínima 'inteligencia' para que con algunas técnicas básicas y
un poco de estrategia pueda defenderse, contraatacar y estar al nivel de un
jugador humano.
Materiales
impresos en 3D
Julio
llevaba algún tiempo trabajando con una impresora 3D y quería comprobar sus
posibilidades para fabricar piezas a medida e incluso incorporar parte de sus
mecanismos en otros sistemas robóticos.
Pero la principal diferencia es que una impresora 3D está diseñada para buscar
los recorridos óptimos a través del los que lentamente se apilen delicados
materiales. Y esto era un juego de acción: aquí hacían falta motores
rápidos y resistentes, más fuerza explosiva que alta precisión.
El trabajo comenzó partiendo de algunas premisas: utilizar materiales
baratos y sencillos de conseguir, elegir un tamaño grande para la mesa
pero que pudiera transportarse en el maletero de un coche y reutilizar
mecanismos y código ya existente.
Todo comenzó taladrando pacientemente cientos de agujeritos en la mesa, a
través de los cuales sale un chorro de aire de un par de ventiladores para
conseguir el efecto que hace "flotar" el puck de un lado a
otro del campo de juego.
El mecanismo del robot 3D está basado en una impresora
RepRap y todos los componentes que suelen acompañarla, especialmente
motores NEMA17 y una placa Arduino Mega.
Para conseguir un mejor rendimiento se reemplazaron algunas varillas por
otras de materiales más resistentes y ligeros, como tubos de carbono de cometas.
Sistema
inteligente
Para
programar el sistema inteligente se plantearon varias posibilidades; la primera
utilizar el código habitual de las impresoras RepRap. Pero esta idea se desechó
porque al ser normalmente otro su objetivo no era una solución suficientemente
rápida y adecuada.
Así que hubo
que programarlo todo desde cero: utilizando una cámara PS3 EYE y un PC
se podía capturar la imagen de la mesa sin apenas distorsión y a suficiente
velocidad (60 Hz, con imágenes de 320x240). Con librerías de programación
OpenCV y usando lenguaje C se desarrolló el resto.
El diseño definitivo en funcionamiento resulta tan hipnótico como
implacable. En los vídeos se puede ver el desarrollo de una partida y
cómo el robot parece casi imbatible.
La forma
en que se ha desarrollado, además, aísla las complicaciones mecánicas de la
parte lógica, lo que permite que cualquiera con mínimos conocimientos pueda
modificar la estrategia de juego sin tener que pelearse con el manejo del
sistema de visión o los motores. Esto permite que se pueda variar la
dificultad de juego, por ejemplo haciéndolo más adecuado para los
niños.
Curiosamente, su creador no enseñó a la mesa robótica uno de los conceptos
básicos del juego: llevar la cuenta de los goles. Será por
aquello de que especialmente aquí lo importante no es quien gane o quien
pierda, sino participar.