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martes, 21 de noviembre de 2023

Robots Generativos para los Trabajos Sucios

 Los robots actuales son ampliamente utilizados tanto en la industria como en diversos campos como la sanidad o en el ámbito doméstico con los famosos Roomba. Si bien permiten realizar infinidad de tareas de carácter repetitivo o incluso peligroso, sucio o perjudicial para nuestra salud, estos carecen totalmente de razonamiento y comprensión del entorno. Así pues, los espacios de trabajo donde operan los robots convencionales han de estar adaptados hacia ellos y no al revés, lo que en algunos casos puede llegar a ser un problema por ciertas limitaciones que manifieste el entorno. De esta forma, dado el avance tecnológico actual en el campo de la inteligencia artificial, diversos ingenieros y desarrolladores pretenden introducir la inteligencia artificial regenerativa en la robótica.

Esto no solo sería un gran avance en cuanto a productividad y al incentivo económico, sino que también sería capaz de generar valor añadido a los trabajadores industriales a la par que reducen sus riesgos laborales. Algunas empresas tales como Boston Dynamics o Sanctuary AI ya se han puesto en marcha en este ámbito con el fin de convertir sus máquinas en "algo más que simples cámaras con ruedas", según ha comentado el fundador de la compañía 555vCTO Vaclav Vincalek.

Por otro lado, también han puesto su foco de interés potencial tecnológicas a nivel mundial como Japón o Alemania llegando a invertir millones de euros en formación de personal en esta nueva revolución industrial.

Robot de la compañía china DJI


La inteligencia artificial generativa es una disciplina con potencial para mejorar la visión artificial robótica y, con ello, permitir detectar objetos, manipulación de elementos frágiles o pesados o incluso interpretar el ambiente para adaptarse al mismo. El desarrollo de estas tecnologías con el tiempo incluso permitirán en un futuro utilizarse para la detección de deshechos tales como latas, botellas, papel, etc; con el fin de reciclar y proteger al medio ambiente.

viernes, 10 de enero de 2020


Arranca DEFACTO, el proyecto que revolucionará la industria de fabricación de baterías en Europa



El proyecto europeo DEFACTO, coordinado por CIDETEC Energy Storage, dará comienzo el 14 de enero en San Sebastián (España) con una reunión de arranque a la que asistirán todos los socios involucrados y una visita a las instalaciones de CIDETEC.



DEFACTO es un proyecto financiado por el programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea que busca revolucionar el modo en que la industria de fabricación de celdas para baterías de vehículos eléctricos ha trabajado hasta el momento. Hoy en día las empresas incurren en importantes costes de laboratorio y personal para mejorar el diseño de las celdas y su proceso de fabricación. En este sentido, DEFACTO pondrá en práctica un método multidisciplinar que combina trabajo de laboratorio, prototipado y modelos multifísicos multiescala. Esto permitirá, por un lado, acelerar los procesos de investigación e innovación sobre el desarrollo de celdas, optimizando su diseño y funcionalidad y, por otro, incrementar notablemente la competitividad de la industria europea.



El futuro aumento masivo en el uso de vehículos eléctricos, motivado por una reducción drástica de costes y un incremento de sus funcionalidades, generará un significativo aumento de la demanda de baterías. Los componentes básicos de las baterías, las celdas electroquímicas, suponen un importante mercado para la industria europea, estimado en 250 billones de euros en 2025. Por el momento, Asia lleva la delantera: China, Corea y Japón poseen la mayor capacidad mundial de fabricación. Entre tanto Europa, que también desea convertirse en un actor líder en el sector, ha puesto la innovación en el corazón de su estrategia industrial para reforzar y expandir su capacidad de fabricación de celdas. Asimismo, el continente europeo representa atractivos como la cercanía a las plantas de montaje de vehículos y la existencia de una cadena logística madura en el sector de la automoción. Para fomentar la innovación en este ecosistema industrial, la Comisión Europea financia numerosos proyectos de investigación, entre los que se encuentra DEFACTO.


Además de mejorar el posicionamiento global de la industria de movilidad eléctrica europea, DEFACTO busca fomentar y acelerar la descarbonización del transporte, ya que esta industria todavía depende en un 96% de combustibles fósiles. Esto está en línea con el propósito de la Unión Europea de lograr un sistema de transportes más inteligente y ecológico que satisfaga las crecientes necesidades de movilidad de la sociedad, a la vez que reduce las emisiones de carbono e incrementa la eficiencia energética. (Fuente: DEFACTO)

Fuente: https://noticiasdelaciencia.com/art/36112/arranca-defacto-el-proyecto-que-revolucionara-la-industria-de-fabricacion-de-baterias-en-europa

lunes, 28 de octubre de 2019


Robot-lución: el gran reto de gobernar y convivir con las máquinas


La rápida e imparable transición tecnológica exige un nuevo contrato social. Estados, sindicatos, trabajadores y empresas deben formar parte de la solución


Robot-lución: el gran reto de gobernar y convivir con las máquinas
La cuarta revolución industrial —con su combinación de digitalización, conectividad, automatización y robotización, e inteligencia artificial, entre otros elementos— ya está aquí. La transición hacia un nuevo modelo socioeconómico y tecnológico ha comenzado, subvirtiendo el orden establecido, tanto con nuevas oportunidades como retos. El contrato social dominante en Europa, y en general en Occidente, necesita una transformación no ya para un futuro lejano cuyos contornos desconocemos, sino para sacar provecho y reducir el coste de esta transición.

Esta revolución, además de deseable en muchos aspectos y preocupante en otros, es inevitable, imparable. Y rápida. La electricidad tardó a mediados del siglo XIX algo más de 45 años en entrar en un 25% de los hogares en Estados Unidos. Internet, menos de cinco. Por no hablar de los smartphones —que tienen sólo 12 años de existencia— o un juego como Pokémon, que llegó a millones de personas en cuestión de días. La primera revolución industrial en Inglaterra, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, tardó 70 años en permear y generar riqueza para el conjunto de la sociedad inglesa. ¿Cuánto tiempo se tardará esta vez? Incluso si son 20 años, son muchos.

La robot-lución está ya teniendo un impacto sobre el empleo —el número y el tipo de trabajos— y los salarios, y está vaciando las clases medias, algo que venimos detectando desde la Gran Recesión (que en parte tapó la entrada de esta nueva fase de la revolución tecnológica), como reconoce ya la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su reciente informe Bajo presión: la clase media exprimida. Con lo que esto supone para el auge de populismos y la desestabilización de las democracias.

Los estudios prospectivos difieren sobre el grado de automatización de los empleos, o mejor dicho de las tareas, desde un 10% hasta un 70% en los próximos 10-20 años. La media de muchos de estos estudios se sitúa en torno a un 38%. En España, entre un 21,7% (OCDE), un 36% (BBVA Research y Universidad de Valencia) y un 55,3% (Bruegel).

Estos serían los empleos o tareas que se destruyen. ¿Se crearán nuevos? Sí y posiblemente más. El Foro Económico Mundial (WEF) prevé una destrucción de 75 millones de empleos para 2022 (entre ellos contables, secretarios, trabajadores en fábricas) y la creación de 133 millones nuevos (científicos y analistas de datos, especialistas en inteligencia artificial, gestores, etcétera). Muchas de estas nuevas tareas no existían hace poco, y en estos momentos hay un déficit de un millón de trabajadores con estas pericias en la UE. De hecho, el WEF calcula que el 65% de los niños que entran en el colegio en estos años trabajará en tareas que hoy ni siquiera existen. ¿Destrucción creativa? No exactamente, pues un problema —y de ahí la necesidad de este nuevo contrato social— es que mucha de la gente que pierde su empleo por razones tecnológicas no estará capacitada para entrar en los nuevos, por lo que tendrá que ir al paro, o conformarse con trabajos de peor calidad y menor remuneración.

Es la transición que hay que gestionar, con un desacoplamiento en términos de perspectivas vitales, incluidos los cambios en los sistemas de trabajo que supone la creciente economía gig de autónomos, multitareas (antes se llamaba pluriempleo) y plataformas, que requieren nuevos tipos de protecciones y seguridades a través de redes que los sindicatos tradicionales no aportan. Hay que avanzar hacia una garantía laboral universal, que finalmente la Organización Mundial del Trabajo (OIT) no ha conseguido integrar en la declaración de su centenario.

Hay un peligro de llegar a una sociedad 30-30-40, en la que un 30% trabajará mucho y ganará bastante, un 30% trabajará mucho y ganará poco (en tareas esencialmente manuales) y el 40% resultará superfluo, la “clase inútil”, la llama el historiador israelí Yuval Noah Harari. A esto hay que sumar el problema de la brecha de género en cuestión de estudios tecnológicos y similares, y que en España va a peor. Superarla requiere un cambio cultural.

El economista John Maynard Keynes, en una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes en Madrid en 1930, ya habló de “desempleo tecnológico” y pronosticó que un siglo después el reparto del trabajo se basaría en una jornada laboral semanal de 15 horas, aunque advirtió contra los efectos del ocio y la abundancia en “la gente normal y corriente”, habituada durante mucho tiempo a “esforzarse y a no disfrutar”. ¿Es el reparto del trabajo la solución? De hecho, ya estamos en ello. Las horas trabajadas han venido decreciendo un 10% desde 1975 en toda la OCDE, incluso en el actual periodo de recuperación de las economías tras la crisis.

A ellos se suma, para los trabajadores de economías avanzadas, lo que Richard Baldwin llama la “competencia de la globótica”: cuando la tecnología permite que personas de todo el mundo tengan una presencia virtual en cualquier oficina. De nuevo, esto supone competencia entre clases medias de diversas zonas.

Documentos en un hospital de Bangkok.

Objetivos y medidas del nuevo pacto

El presidente francés, Emmanuel Macron, y otros con él defienden la necesidad de “proteger a las personas, más que proteger los empleos”. Se trata de lograr una economía digital competitiva, pero también de suavizar la transición, de ir hacia una sociedad inclusiva en la que el conjunto se beneficie de esta revolución, y no sólo porque los aparatos y los servicios se abaraten. Que nadie se quede atrás. Una sociedad armónica y superinteligente, la “sociedad 5.0” según el concepto japonés que se abre paso en el G20.

La educación es básica para este nuevo contrato. Y será una tarea pública, pero también de las empresas. La educación antes y durante la vida laboral. El WEF calcula que para 2022 —mañana— todo el mundo tendrá que dedicar 101 días suplementarios al año para aprender. Si a ello se suma que el 80% del conocimiento que se aprende a partir de los 30 años se adquiere en el trabajo (según el Banco Interamericano de Desarrollo), el reciclaje, el aprendizaje permanente será responsabilidad de muchos actores.

Los países más robotizados en los últimos años son los que más empleo han creado, entre ellos los nórdicos, donde más avanzada está también la educación inicial y la permanente. Y allí también los sindicatos tienen más presencia en los consejos de administración de las empresas.

Ahora bien, si no hay trabajo suficiente la educación no puede ser la única solución en esta transición. El empleo ha sido el mecanismo básico de redistribución de la riqueza en la época industrial. Esto puede cambiar. Quizás haya que separar la seguridad financiera (salarios) de la seguridad social (protecciones). Habrá que pensar en el ya mencionado reparto del trabajo, que está ocurriendo vía mercado, o en rentas básicas (no necesariamente universales) o impuestos negativos sobre la renta.

Otra línea a seguir podría ser la marcada (modestamente) por la UE con su Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (FEAG), que ahora se abre al impacto de la automatización, con 150 millones de euros anuales entre 2014 y 2020, con lo que supone de apoyo a trabajadores (se han beneficiado unos 150.000 entre 2007 y 2018) para ayudarlos a formarse y a encontrar nuevos empleos, aunque su impacto está en discusión.

¿Debe el nuevo contrato social proteger también a las máquinas avanzadas? Estamos aún lejos de ello. Pero el Parlamento Europeo, anticipándose, ha aprobado estudiar una posible personalidad jurídica para los robots avanzados, con un seguro obligatorio. También la Comisión Europea está impulsando unos criterios éticos para la inteligencia artificial que habrían de seguir los diseñadores de estas máquinas (beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia, que van más allá de las cuatro leyes de la robótica de Isaac Asimov). Con los problemas añadidos de que la ética no se enseña en las escuelas de Ingeniería, de que es difícil incorporarla en la programación, y de que, crecientemente, las máquinas se programan a sí mismas a través de varias tecnologías, incluido el machine learning.

¿Cómo se paga?


La cuarta revolución industrial va a generar un marcado crecimiento económico. Pero su redistribución no está clara. Los Estados (y la UE) van a necesitar nuevas fuentes de ingresos. La parte de renta del trabajo en el PIB se mantuvo constante a lo largo de la era industrial, pero empezó a caer a partir de los años ochenta. Los rendimientos del capital crecen más que los del trabajo, tendencia que se puede disparar con los robots, que pertenecen al capital. Si a ello se suma la creciente desigualdad redistributiva del impuesto sobre la renta y la decreciente recaudación, en porcentaje, de impuestos sobre el capital y sus rendimientos (debido a la competencia global entre otros factores), la financiación del nuevo contrato social tiene graves problemas. Habrá que pensar en nuevas fuentes de ingresos.

Dada la competencia fiscal, una posible sería un impuesto sobre cifras de negocios más que sobre beneficios, o sobre “presencia digital significativa”, y lo que obtienen las plataformas digitales vía publicidad ¿y venta de datos? Esto es lo que se conoce como tasa Google que la UE aún no ha conseguido implantar, a la espera de que lo decida la OCDE y el G20. Es decir, se necesitarán acuerdos globales cuando menos europeos, aunque Francia ya ha dado unilateralmente el primer paso, y España lo contemplaba en los presupuestos frustrados para 2019.

También se ha manejado la idea de gravar a los robots, una medida que ayudaría a financiar la seguridad social de los trabajadores que reemplazan. Pero esto no dejaría de ser un nuevo impuesto sobre el capital. Además, es difícil definir qué es un robot: ¿una máquina?, ¿un programa? ¿Es un smartphone un robot?

Habrá que estudiar, como ya se está haciendo, la posibilidad de crear fondos soberanos, o fondos ciudadanos (subnacionales, estatales o, mejor aún, europeos) que inviertan de forma autónoma en empresas (de todo el mundo) para lograr beneficios que se pudieran utilizar para nutrir los presupuestos públicos.

En todo caso, la transición y la gestión del contrato social para este periodo incierto será compleja y será cuestión de todos: ciudadanos y consumidores, empleados, gigs y sindicatos, Estados y Unión Europea, y empresas.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/08/23/ideas/1566551575_254488.html


jueves, 14 de diciembre de 2017

Industria 4.0: Indagando en la historia moderna


 
La Industria 4.0 también se conoce como Industria Inteligente y se basa en la tendencia a la automatización y el intercambio de datos en las tecnologías de fabricación. Su objetivo es enfatizar una progresiva y adecuada digitalización, en coordinación cooperativa de todas las unidades productivas de la economía.
Aunque el concepto de Industria 4.0 no está del todo consolidado, su meta de desarrollar plantas industriales más inteligentes, elaborar generadores de energía que no afecten el medio ambiente y cadenas de producción más conectadas entre sí y a la vez conectadas con los mercados de oferta y demanda, ha sido aceptada como el futuro de la industria.

Antecedentes de la Industria 4.0

Para llegar a la Cuarta Revolución Industrial se vivieron etapas previas que dieron paso a este nuevo concepto que no solo trae cambios tecnológicos sino también económicos y sociales:
  • La primera revolución industrial: Iniciada en Reino Unido a mitad del siglo XVIII con la invención de la máquina de vapor. El uso de esta máquina permitió producir mayores cantidades a menor tiempo, aumentando las ganancias.
  • La segunda revolución industrial: Se inicia a mediados del siglo XIX con el uso de nuevas fuentes de energía como el petróleo, el gas y la electricidad. Se abrió paso la producción en cadena, el uso de nuevos materiales, nuevos sistemas de transporte y comunicación.
  • La tercera revolución industrial: Conocida como la Revolución de la Inteligencia y surgió en una declaración formal aprobada por el Parlamento Europeo en el año 2006, cuando se explicó la fusión que existe entre las nuevas formas de comunicación como medio de organización y la gestión mediante las nuevas fuentes de energía.


La Industria 4.0

Esta revolución aplica nuevas tecnologías en los procesos industriales a nivel de maquinaria, en la producción y en toda la cadena de valor del proceso, originando nuevos procesos y productos, modelos de negocio y cambios sociales, económicos y tecnológicos.
Los elementos principales de la Industria 4.0 son:
  • Los sistemas ciber físicos: integran la computación con los procesos físicos en una fábrica a través de sensores
  • El Internet de las Cosas: permite la comunicación entre objetos y máquinas.
  • El Big Data: gestiona y analiza los datos que son producidos por Internet de las Cosas.
  • El Internet de los servicios o Cloud Computing se encarga de obtener servicios de Internet a través de la red para utilizar solo los recursos necesarios, mejorar los gastos y optimizar los presupuestos.  
 

Evolución acelerada de la industria y sus ventajas

Es un hecho que la era de la comunicación permite acceder cada vez a más información, procesándola y compartiéndola de forma inmediata, transformando por completo la manera de consumir y el modo en el que nos relacionamos.
La transformación digital acelerada impacta en lo individual y en lo colectivo, obligando a las industrias a utilizar tecnologías como la sensórica, la robótica, los drones, la impresión 3D, el internet de las cosas, el Big Data y la realidad aumentada.
Son múltiples las ventajas de la Industria 4.0 en todos los procesos de la cadena de producción:
  • Se automatizan aún más los procesos
  • Se transforma la logística de producción
  • Se organiza mayor cantidad de información en menor tiempo
  • Mantenimiento de activos más acertado
  • Capacidad de adaptación inmediata a la demanda
  • Servicios más personalizados
  • Diseñar, producir y vender productos en menos tiempo
  • Análisis de las tendencias del mercado en cortos plazos
La Industria Inteligente supone un gran reto. Se pudiera pensar que la robótica dejará de lado el componente humano, pero lo que se verá, será la transformación de los ámbitos laborales y la manera de relacionarse, siempre avanzando en efectividad y más humanidad en el trato del cliente u operario. 

Fuente: Industria 4.0: Indagando en la historia moderna 

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